De la experiencia pura de mis manos,
como camino sin rumbo directo al sol,
y la fuerza que desaparece en forma obscura,
regresa a mis brazos iluminados,
con la imagen inmaculada,
de los astros que mueven mi mundo.
Por mucho tiempo me aferre al desierto sin agua,
paradigma de estelas y rosas,
secreto de miles de cuentos idiotas,
salí del huracán de tierra.
Cuando las noches acarician mi cuerpo,
una respiración se hace lenta y eterna,
los aromas vienen a mi como esporas de antiguas vivencias,
estoy recostado en todas las mis creencias.
La fuerza cósmica de todo lo bueno que tengo,
aparece de la nada en mis ojos.
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