Katherine Lauder estaba enamorada a sus 19
años de un pequeño de 14 años, jamás imagino que una persona de su edad
estuviera perdidamente enamorada de un mocoso. Ella era elegante, de un léxico
abundante una mirada taciturna y relajada como si depositara toda su
tranquilidad en el centro del iris de sus ojos platinados, alta con un
cuerpo esbelto senos firmes y grandes,
glúteos redondos y bien cincelados y una cara linda y liza como el mármol con
un ligero rosado en las mejillas, se distinguía por su inteligencia y por su
magnifica manera de ver y hacer arte.
Fue aquel viernes de junio saliendo de la
escuela superior de Artes mixtas fue donde conoció a Crono: chico alto, ojos azules, piel canela como un
reflejo de la arena en los mares,
cabello ondulado y castaño, y una sonrisa infinita disfrutando de los placeres
de una tarde para después llegar a casa y ver alguna serie de televisión o tal
vez leer un buen libro en el balcón de su recamara.
Cerca de la escuela de Artes plásticas
existía una casa abandonada de la señorita Roswell. Considerada por su
estructura barroca y sus colores opacos rosados como una belleza y patrimonio
de los vecinos que estaba modernizándose a gran rapidez. La Señorita Roswell
conoció ahí al señor Roswell después de la segunda guerra mundial a los
diez años de edad. Cuando el señor
Roswell perdió a su familia en Europa y
fue adoptado por una familia Americana.
Era un viernes lluvioso en Agosto aquel
pequeño de diez años había tenido una
discusión con su papá del porque no podía salir a jugar en la lluvia. Cuando
llego ahí la jovencita Roswell lo invito al pórtico a tomar chocolate caliente
y galletas, así empezó una gran amistad, un noviazgo y al final la marcha de
los dos enamorados hacia el lecho de muerte en la misma casa rosada, no se sabe
mucho en realidad, ya que son leyendas urbanas.
E de
ahí que mucha gente le gustaba estar en el pórtico y tomarse algunas fotos
o iniciar una relación sentimental; ya
que se decía que en el pórtico de la casa rosa, las mejores parejas y las mas
largas relaciones se daban de ese lugar. Pero también se prestaba para terminar
una relación tortuosa, tomar un vino a solas, fumar, tomar una cerveza o
simplemente dormir.
Katherine fue ahí y se adentro por una
puertecilla que ( según ella) juraba, nadie mas conocía; solo había que dar
vuelta al jardín de las rosas negras de la casa Roswell y mover un poco los matorrales hacia la
derecha había ahí una argolla que daba hacia el sótano y era muy fácil llegar a
la estancia, sacaba algunas fotos de ángulos diferentes
sin parar y después reposar en la cama de los siempre enamorados.
Cronos también conocía la misma entrada que
Katherine. Cronos iba ahí cuando se sentía apartado del mundo, cuando la
inspiración recorría sus huesos haciéndolo explotar, dibujando aquellos cuerpos
femeninos que tanta ropa encima de las adolescentes de su colegio no le daban
para más. Desconocía siempre si aquel
delirio que se proyectaba en sus maravillosos dibujos era parte de su
crecimiento o era acaso que la sensación desconocida de imaginar un cuerpo
desnudo y plasmarlo. Le gustaba la idea de encadenar ambas hasta lograr el
dibujo de una mujer desnuda.
Paso directo al baño en la planta baja de
la casa, después camino entre los pasillos vislumbrando las fotos de épocas
antiguas y siempre que hacia el mismo
recorrido terminaba en el cuarto Roswell, dormía hasta el atardecer poniendo su
despertador y luego llegaba a casa diciendo “Tuve
mucha tarea mis compañeros y yo fuimos a la biblioteca principal a sacar los
apuntes madre… no te preocupes siempre estoy bien.”
La madre nunca se preocupaba por él, era
muy maduro e inteligente, sus labores las tenia impecables y en la escuela su
desempeño no era de maravillarse pero sabia
mucho de temas variados.
Katherine descanzaba tranquilizando su
respiración viendo hacia el gran espejo barroco del techo su cuerpo:
-Simplemente no entiendo…Soy hermosa, me
encantan los hombres pero… su miedo ante esta hermosa mujer hace que sus mentes
sean estúpidas y los lindos chicos no tengan nada que decir.
¿Acaso soy yo?
No; simplemente no saben lo que tienen
enfrente.
Mientras hablaba paseaba su lengua sobre
sus labios rojos, mojándolos suavemente con el agua cristalina de su boca,
haciendo aquellos labios radiar con la
luz tenue del cuarto, empezó a desabrocharse la camisa rayada, pasado su palma
izquierda por el seno derecho y apretándolo dulcemente como si fuera a sentir
un fruto maduro, crecido e inmenso. Se sentó en la cama y suavemente la camisa
bajo por su espalda, empezó a tomar su vientre en un ligero masaje ondulatorio
y aunque su cuerpo no era tan delgado como el de algunas otras mujeres de su
edad, le excitaba poder sentir su estomago suave y lleno sin perder firmeza…
sin ser abultado. Subió sus hermosos ojos platinados hacia el techo donde el
espejo estaba reclamando aquella virgen tan inquieta en sus propios deseos. Se
quito el sostén lentamente bajando los tirantes por cada hombro, y las copas
cayeron por si mismas a sus piernas.
-
Soy delicada como las rosas de
esta casa… mi cuerpo alucinaría hasta a los dioses, sin ser domada aun… sin ser
comida por aquellos mis hombres de cabeza hueca. Mis senos, firmes y
grandes frutos que herede de mi madre. Todo es sencillo, si vieran mi
forma de pensar. Solo quiero a uno, no que me haga sentir protegida, que me
regale su pudor en las noches, que me haga suya y que moldee mi cuerpo con sus
manos calidas y masculinas.
Sus pezones se empezaron a ponerse firmes con el masaje de ambas manos a ambos pechos,
su mirada siempre al techo, si alguien mas pudiera ver lo que ella hacia
podrían a ver jurado que un ángel con la
piel ardiente se había marchado del
cielo para sentir el fulgor de los seres humanos. Cerro una de las
cortinas que daba a los vecinos de la colonia, y se quito los jeans dejándolos
en el suelo, bajo su braga… humedad de en medio agua pura de las mujeres
vírgenes, sus glúteos eran carnosos y grandes blancos que destellaban al espejo
del techo, sus sexo depilado hecho a mano dejando ver a los abultados y
carnosos labios vaginales, sus pies se elevaron hacia las orillas de la cama su
mano entro como una serpiente a su madriguera, tomando suavemente el clítoris y
masajeando, para ruborizar las mejillas de Katherine.
(…)

