29 may 2012

Lo mas profundo de la pantera rosa: Katherine.




Katherine Lauder estaba enamorada a sus 19 años de un pequeño de 14 años, jamás imagino que una persona de su edad estuviera perdidamente enamorada de un mocoso. Ella era elegante, de un léxico abundante una mirada taciturna y relajada como si depositara toda su tranquilidad en el centro del iris de sus ojos platinados, alta con un cuerpo  esbelto senos firmes y grandes, glúteos redondos y bien cincelados y una cara linda y liza como el mármol con un ligero rosado en las mejillas, se distinguía por su inteligencia y por su magnifica manera de ver y hacer arte.
Fue aquel viernes de junio saliendo de la escuela superior de Artes mixtas fue  donde conoció a Crono:  chico alto, ojos azules, piel canela como un reflejo de la arena  en los mares, cabello ondulado y castaño, y una sonrisa infinita disfrutando de los placeres de una tarde para después llegar a casa y ver alguna serie de televisión o tal vez leer un buen libro en el balcón de su recamara.
Cerca de la escuela de Artes plásticas existía una casa abandonada de la señorita Roswell. Considerada por su estructura barroca y sus colores opacos rosados como una belleza y patrimonio de los vecinos que estaba modernizándose a gran rapidez. La Señorita Roswell conoció ahí al señor Roswell después de la segunda guerra mundial a los diez  años de edad. Cuando el señor Roswell perdió  a su familia en Europa y fue adoptado por una familia Americana.
Era un viernes lluvioso en Agosto aquel pequeño de diez años  había tenido una discusión con su papá del porque no podía salir a jugar en la lluvia. Cuando llego ahí la jovencita Roswell lo invito al pórtico a tomar chocolate caliente y galletas, así empezó una gran amistad, un noviazgo y al final la marcha de los dos enamorados hacia el lecho de muerte en la misma casa rosada, no se sabe mucho en realidad, ya que son leyendas urbanas.
 E de ahí que mucha gente le gustaba estar en el pórtico y tomarse algunas fotos o  iniciar una relación sentimental; ya que se decía que en el pórtico de la casa rosa, las mejores parejas y las mas largas relaciones se daban de ese lugar. Pero también se prestaba para terminar una relación tortuosa, tomar un vino a solas, fumar, tomar una cerveza o simplemente dormir.
Katherine fue ahí y se adentro por una puertecilla que ( según ella) juraba, nadie mas conocía; solo había que dar vuelta al jardín de las rosas negras de la casa Roswell  y mover un poco los matorrales hacia la derecha había ahí una argolla que daba hacia el sótano y era muy fácil llegar a la estancia, sacaba algunas fotos de ángulos diferentes sin parar y después reposar en la cama de los siempre enamorados.
Cronos también conocía la misma entrada que Katherine. Cronos iba ahí cuando se sentía apartado del mundo, cuando la inspiración recorría sus huesos haciéndolo explotar, dibujando aquellos cuerpos femeninos que tanta ropa encima de las adolescentes de su colegio no le daban para más. Desconocía  siempre si aquel delirio que se proyectaba en sus maravillosos dibujos era parte de su crecimiento o era acaso que la sensación desconocida de imaginar un cuerpo desnudo y plasmarlo. Le gustaba la idea de encadenar ambas hasta lograr el dibujo de una mujer desnuda.
Paso directo al baño en la planta baja de la casa, después camino entre los pasillos vislumbrando las fotos de épocas antiguas y  siempre que hacia el mismo recorrido terminaba en el cuarto Roswell, dormía hasta el atardecer poniendo su despertador y luego llegaba a casa diciendo “Tuve mucha tarea mis compañeros y yo fuimos a la biblioteca principal a sacar los apuntes madre… no te preocupes siempre estoy bien.”
La madre nunca se preocupaba por él, era muy maduro e inteligente, sus labores las tenia impecables y en la escuela su desempeño no era de maravillarse pero sabia  mucho de temas variados.
Katherine descanzaba tranquilizando su respiración viendo hacia el gran espejo barroco del techo su cuerpo:
-Simplemente no entiendo…Soy hermosa, me encantan los hombres pero… su miedo ante esta hermosa mujer hace que sus mentes sean estúpidas y los lindos chicos no tengan nada que decir.
¿Acaso soy yo?
No; simplemente no saben lo que tienen enfrente.
Mientras hablaba paseaba su lengua sobre sus labios rojos, mojándolos suavemente con el agua cristalina de su boca, haciendo  aquellos labios radiar con la luz tenue del cuarto, empezó a desabrocharse la camisa rayada, pasado su palma izquierda por el seno derecho y apretándolo dulcemente como si fuera a sentir un fruto maduro, crecido e inmenso. Se sentó en la cama y suavemente la camisa bajo por su espalda, empezó a tomar su vientre en un ligero masaje ondulatorio y aunque su cuerpo no era tan delgado como el de algunas otras mujeres de su edad, le excitaba poder sentir su estomago suave y lleno sin perder firmeza… sin ser abultado. Subió sus hermosos ojos platinados hacia el techo donde el espejo estaba reclamando aquella virgen tan inquieta en sus propios deseos. Se quito el sostén lentamente bajando los tirantes por cada hombro, y las copas cayeron por si mismas a sus piernas.
-          Soy delicada como las rosas de esta casa… mi cuerpo alucinaría hasta a los dioses, sin ser domada aun… sin ser comida por aquellos mis hombres de cabeza hueca. Mis senos, firmes y grandes  frutos que herede  de mi madre. Todo es sencillo, si vieran mi forma de pensar. Solo quiero a uno, no que me haga sentir protegida, que me regale su pudor en las noches, que me haga suya y que moldee mi cuerpo con sus manos calidas y masculinas.
Sus pezones se empezaron a ponerse firmes  con el masaje de ambas manos a ambos pechos, su mirada siempre al techo, si alguien mas pudiera ver lo que ella hacia podrían a ver jurado que un ángel  con la piel ardiente  se había marchado del cielo para sentir  el  fulgor de los seres humanos. Cerro una de las cortinas que daba a los vecinos de la colonia, y se quito los jeans dejándolos en el suelo, bajo su braga… humedad de en medio agua pura de las mujeres vírgenes, sus glúteos eran carnosos y grandes blancos que destellaban al espejo del techo, sus sexo depilado hecho a mano dejando ver a los abultados y carnosos labios vaginales, sus pies se elevaron hacia las orillas de la cama su mano entro como una serpiente a su madriguera, tomando suavemente el clítoris y masajeando, para ruborizar las mejillas de Katherine.
(…)

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