No es que no me digas nada,
no es que te tengas que acercar,
caminar es elocuente,
o tal vez puede ser vulgar,
pero dentro de nuestras esporas encuentro el rastro mas decente,
aquel que quiere tocar tus células,
te haré algo para que me llamen demente.
Es el cielo en sus tornasoles colores,
es el viento susurrando el encuentro,
son las estrellas retomando los ocres,
el agua que escurre en tu centro,
la sangre hierve en tu vientre,
el vapor de tu mente me hace condensar.
Y dime cuantas veces le has escrito al ser celestial,
cuando tus caderas se mueven sin destino y sin final,
esa estrellas en tus ojos me van a contar,
todo por lo cual vas a luchar.
Contamos el tiempo a través del horizonte,
mis ojos taciturnos sin miedo al peso del cielo,
caemos en un sueño profundo y palpable,
que jamas querrás irte de mi lado,
!arrancare tus lagrimas! hasta dejarte riendo sin parar,
¡quebrare tus huesos hasta llenarlos de espuma!
y hipnotizaré a tus híbridos dolores y en cenizas convertiré.
Llamare al sereno de lo profundo del bosque,
acompañado de libelulas transparentes,
y amorfas figuras serán tan potentes,
que como camaleón te volveré la bestia,
¡gritare tu nombre hasta romper tus muros de hierro!
y marchare con el viento en la lengua como espada,
para atravesar tu universo recitando,
!hare helar tus malos pensamientos hasta cubrirlos de invierno en el infinito!
porque estoy sin miedo a perder nada,
!sin miedo a perder nada!

No hay comentarios:
Publicar un comentario